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El exilio y la lucha política en el exterior 1973-1985 / Uruguay

Ficha

Desde el inicio de la crisis económica y política de la década de 1960, muchos uruguayos comenzaron a emigrar del país. Este proceso migratorio se agravó con la dictadura, cuando muchos abandonaron el Uruguay para proteger sus libertades y, en algunos casos, sus vidas. Durante estos años se crearon las primeras grandes colonias de uruguayos en el exterior: Europa, Estados Unidos, Australia, México, Venezuela, Cuba, Argentina y Brasil recibieron los flujos migratorios más numerosos.

En la década de 1970, a medida que el autoritarismo, la represión, la censura y otras violaciones a los derechos humanos se incrementaban, el exilio por motivos políticos fue aumentando. El sistema democrático no daba garantías y muchos militantes, sindicalistas, estudiantes y políticos, que el gobierno consideraba peligrosos o enemigos, debieron exiliarse necesariamente para no caer prisioneros o perder la vida. En varios países se formaron colonias de uruguayos exiliados que ayudaban a los que iban llegando. En varios casos, la solidaridad de las embajadas —es decir, de las oficinas diplomáticas en donde se encuentra la representación de un país dentro de otro— y de los gobiernos extranjeros fueron necesarios a la hora de garantizar el refugio a los que huían de la dictadura.

El exilio se transformó en un espacio de resistencia de aquellas personas que abandonaban a la fuerza los países en dictadura. Muchas de las distintas colonias de exiliados políticos formaron grupos de protesta y difusión. Este movimiento a distancia se dedicó a explicar la situación uruguaya y de América Latina en foros internacionales y aportó pruebas de cómo los regímenes militares violaban constantemente los derechos humanos. En los distintos países este trabajo de hacer tomar conciencia e informar sobre lo que sucedía involucró también a personas de distintas nacionalidades, que se solidarizaron y apoyaron las reivindicaciones de los exiliados. Estas personas colaboraron en presionar a sus gobiernos y a los organismos internacionales para disminuir el apoyo y aumentar el aislamiento de los gobiernos militares y así ayudar a terminar con las dictaduras de América Latina.

Se estima que entre 1963 y 1985 cerca de 400.000 uruguayos abandonaron el país por motivos políticos o económicos.